CORAZON: ¡FACTORES DE RIESGO!

octubre 2, 2009

Las enfermedades cardiacas y los accidentes cerebrovasculares son la principal causa de muerte del mundo. Se estima que anualmente mueren víctimas de esa enfermedad 17,5 millones de personas. Por esa razón se creó el Día Mundial del Corazón, para concienciar más a la población sobre el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria o un derrame cerebral, y fomentar la prevención.

Según cálculos para el año 2025 más de 1.500 millones de personas mayores de 25 años, sufrirán hipertensión. Este es uno de los factores principales que ocasionan enfermedades cardiovasculares e infartos, primera causa de mortalidad del mundo. La hipertensión no presenta síntomas visibles, y por ello el único modo de saber si se padece es consultar al especialista.

Con motivo de la fecha, La Federación Mundial del Corazón organiza diferentes actividades. Desde paseos, carreras, charlas públicas, foros científicos, exposiciones, conciertos, eventos deportivos, entre otros.

Factores de riesgo
Los factores de riesgo de las enfermedades cardiacas y de los accidentes cerebrovasculares se dividen en dos grupos. Los factores modificables o que podemos controlar, y los no modificables o que se nos hace imposible controlar.


Factores modificables
• Hipertensión arterial
– Factor de riesgo número uno del accidente cerebrovascular y factor principal de aproximadamente la mitad de las enfermedades cardiacas y de los accidentes cerebrovasculares.
Colesterol alto en sangre – Causa alrededor de un tercio de las enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares en todo el mundo y tiene dos clases; el así llamado colesterol bueno (HDL) y el colesterol malo (LDL). Un nivel alto de triglicéridos, otro tipo de grasa presente en la sangre, también está asociado con las enfermedades cardiacas.
• Niveles altos de glucosa – Los diabéticos son dos veces más propensos a sufrir este tipo de enfermedades.
Tabaquismo – Los fumadores corren el doble de riesgo que los no fumadores.
Sobrepeso/obesidad – Aumenta el riesgo de desarrollar hipertensión arterial, diabetes y arterias rígidas u obstruidas. Un elevado índice de masa corporal (IMC),también aumenta el riesgo. La acumulación de grasa abdominal es otro indicador de riesgo.
• Sedentarismo – Aumenta en un 150% el riesgo de desarrollar enfermedades cardiacas.
• Dieta – Demasiada sal puede provocar hipertensión arterial; demasiada grasa puede provocar obstrucción arterial; y un consumo reducido de frutas y verduras origina cerca del 20% de los casos de enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares del mundo.

Factores no modificables
• Edad – La acumulación y desarrollo de factores de riesgo resulta más peligroso en los grupos de edad más avanzada.
Historial familiar – Si un padre o hermano ha sufrido una enfermedad coronaria o un accidente cerebrovascular antes de los 55 años (en el caso de los hombres) o de los 65 años (en el caso de las mujeres), el riesgo es mayor.
• Género – Los hombres corren mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca que las mujeres premenopáusicas. Tras la menopausia, sin embargo, el riesgo de las mujeres es similar al de los hombres.

Un asesino silencioso
Se calcula que para el año 2025 más de 1.500 millones de personas, aproximadamente uno de cada tres adultos mayores de 25 años, padecerán de hipertensión, uno de los factores principales individuales de riesgo de las enfermedades cardiovasculares y de los infartos, primera causa de mortalidad del mundo. La hipertensión no presenta síntomas visibles, y por ello el único modo de saber si se padece es consultar al especialista.

La hipertensión arterial aunque no presenta síntomas visibles, puede provocar daños importantes en el corazón y las arterias y aumentar el riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca o un accidente cerebrovascular.

Las personas con hipertensión arterial tienen tres veces más riesgo que las personas con una tensión arterial normal. Para saber si padece hipertensión, lo único que puede hacer es acudir
a un especialista de la salud. Es necesario repetir las mediciones más de una vez, ya que la tensión arterial puede fluctuar de un día para otro.

Positivo es que la hipertensión arterial se puede corregir cambiando varios aspectos de nuestro estilo de vida, como por ejemplo reduciendo el consumo de sal, aumentando la actividad física y/o tomando ciertos medicamentos si es necesario.

¡Reduzca sus riesgos!
• Coma más fruta y verdura
– Coma por lo menos cinco porciones de fruta y verdura al día.
Realice actividad física – 30 minutos de actividad enérgica al día bastan para reducir la tensión arterial.
Consuma menos sal y evite la comida precocinada – Intente limitar el consumo de sal a menos de cinco gramos al día (equivalentes a una cuchara de café).
• Deje de fumar – Su riesgo de contraer una enfermedad coronaria se reducirá a la mitad en un año y volverá a su nivel normal en un plazo de 15 años.
• Mantenga un peso saludable – Perder peso, especialmente si va unido a un menor consumo de sal, reduce la tensión arterial.

La Federación Mundial del Corazón
La Federación Mundial del Corazón está comprometida en ayudar a la población mundial a conseguir una vida mejor y más larga a través de la prevención y el control de las enfermedades cardiovasculares y los accidentes cerebrovasculares, en especial en los países de rentas bajas y medias. Está compuesta por 196 sociedades miembros de fundaciones cardiológicas de más de 100 países que cubren las regiones de África, América, Asia-Pacífico y Europa.

Fuente: Radio Nederland Wereldomroep

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COMEMOS CARNE EN EXCESO Y POCAS VERDURAS

septiembre 8, 2009

ESTUDIO DE ESPECIALISTAS EN NUTRICION

Los argentinos comen muy mal: exceso de carne y poca verdura
Según la FAO y la UBA, se come un 75% más de carnes rojas de lo recomendado y un 46% menos de verduras.

La mala alimentación tiene como consecuencia directa los problemas cardiovasculares, principal causa de muerte en el país.

Hay que cambiar la mesa de los argentinos”, piden los expertos. Se refieren a una dieta en crisis, en la que abundan la carne vacuna, los fideos, el pan y el aceite de girasol. Y a la que le faltan verduras, frutas y lácteos. Lo dicen porque los argentinos comen 75% más de carne vacuna de lo que deberían; 66% más de aceite de girasol y 59% más de harinas, pan y cereales de lo que indica una dieta saludable. En cambio, consumen 50% menos de frutas, 46% menos de verduras y 25% menos de leche.

Las cifras surgen de un informe elaborado por los nutricionistas Sergio Britos y Agustina Saraví, en el marco del Programa de Agronegocios y Alimentos de la Facultad de Agronomía de la UBA. Se basan en estadísticas para la Argentina de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y en estimaciones del Programa de la UBA.

Argentina es el país del mundo donde se come más carne vacuna y su consumo sigue subiendo. Hoy se demanda más carne que en los años 90. “En esa década el consumo era de unos 50 kilos por persona por año y hoy estamos en 70 kilos: un 40% más“, informa Britos.

“En tanto -apunta el especialista- el consumo de frutas y hortalizas viene bajando lenta pero sostenidamente en los últimos 30 años”.

Cómo se compone la dieta de los argentinos no es un tema menor. Sucede que una inadecuada alimentación no sólo conduce a la obesidad, al aumento del colesterol y de la diabetes, sino que incrementa notablemente las enfermedades cardiovasculares. “Esta es la principal causa de muerte y de discapacidad en el país“, advierte la cardióloga Liliana Grinfeld, presidenta de la Fundación Cardiológica Argentina.

El desequilibrio de los platos no es sólo una cuestión de los adultos. El mismo desbalance se observa en la dieta infantil: mucha carne, fundamentalmente vacuna, alimentos de alta concentración de grasas y azúcares; pocas verduras, frutas, granos, legumbres y leche.

Se come mucho de lo que hace mal y poco de lo que hace bien ¿Por qué? “No es sólo una cuestión de cómo está compuesta la dieta: se trata de hábitos y conductas que sólo podrán cambiarse con políticas públicas efectivas”, asegura Grinfeld.

Britos y Saraví reclaman la implementación de “buenas prácticas nutricionales“, por parte de las empresas y del Estado, para mejorar la producción de los alimentos y también la comunicación a los consumidores. El informe -presentado recientemente en el II Simposio de Agronegocios y Salud en la Bolsa de Cereales- destaca, sin embargo, que algunas empresas líderes han adoptado o están en camino a disminuir las grasas trans (están en productos que contienen aceites hidrogenados), el contenido de sodio y a fortificar los alimentos con distintos nutrientes. Y que desde el Estado se trabaja en el mejoramiento de la oferta de los comedores y kioscos escolares y en la claridad de la información nutricional de las etiquetas de los alimentos.

“Pero al analizar las políticas públicas en Argentina se observa que aún no se ha abordado integralmente la cuestión de la alimentación saludable. Poco o casi nada se ha avanzado desde el anuncio del plan del Ministerio de Salud que contempla la promoción de la educación alimentaria”, asegura Britos, quien además es director asociado del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI).

Y brinda un ejemplo: “Las acciones de la industria (disminución de grasas trans, agregado de fibras, etc.) surgen de su propia iniciativa más que como resultado de una política pública definida”.

En el Ministerio de Salud explican que el Plan Nacional Argentina Saludable -así se llama- fue presentado en octubre y abarca distintas acciones de promoción de una vida sana que, según explican, antes (en la gestión anterior) iban por caminos separados. Son tres pilares: practicar actividad física para combatir el sedentarismo, comer saludablemente para no enfermarse, y no fumar y evitar el humo del tabaco en el hogar, el trabajo y otros ambientes.

“En estos temas todo lo que se hace parece poco. Sucede que son resultados a largo plazo”, aclara Sebastián Laspiur, coordinador del Plan. “Buscamos que la gente camine, ande en bicicleta, baile, se mueva; que baje el consumo de sal y grasas, que coma más verduras y frutas; y que no fume ni deje fumar en su casa o en su trabajo”.

Por: Graciela Gioberchio
Fuente: Diario Clarín

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LA OBESIDAD… ¿ES CONTAGIOSA?

mayo 5, 2009

Dentro de poco, habrá otro modelo de hombre”. La frase, enunciada con fuerza de profecía, viene del médico psicoterapeuta especializado en temas de la obesidad y los trastornos alimentarios Máximo Ravenna.

“Antes, el hombre tenía un volumen determinado, pero hoy ya no hay puntos de referencia. En la actualidad, hay cada vez menos gente flaca y asceta. Quienes mantienen una salud, hacen actividad física y comen moderadamente son minorías selectas. La mayoría ya ha sucumbido, va teniendo cada vez más ganas de comer, comer y comer. Han quedado atrapados por la contagiosa tentación de la globalización. Digo globalización en sentido de globoso, de globeso.

En este escenario dramático, ya nadie se acuerda de cómo era el hombre de antes, el que era así”, dice y muestra una cucharita flaca como ejemplo. Para este autor de varios libros y responsable del adelgazamiento de una larga lista de famosos (Susana Giménez, Marcela Tinayre y Georgina Barbarossa han sido algunos de ellos) y otros no tanto, la lucha contra el círculo adictivo de la comida lo desvela. Todo aquel que haya pasado por el centro que lleva su nombre y tiene desde hace quince años conoce el enfoque filosófico de sus exitosos tratamientos. Pero, lejos de quedarse con una fórmula definitiva, el médico apuesta a las novedades académicas que irrumpen a nivel mundial. “Tengo mucho que aprender. Me fascino con gente que sabe cosas que no sé”, reconoce, recién llegado de los Estados Unidos, donde estuvo haciendo una rotación en los consultorios del Mount Sinai, en Nueva York o en el Massachusetts General Hospital, en Boston. Ahora, se prepara para viajar al 17º Congreso Europeo de Obesidad, que se realizará en Amsterdam. Allí presentará tres trabajos. Este año, entre sus tantos planes figura la revisión de los tratamientos en sus Centros Ravenna, para que incluyan más comidas saludables con índice glucémico más bajo y para dinamizarlos: “Si el gordo se mantiene en los grupos por tiempo indeterminado, algo está fallando en nosotros”, admite.

Después de tanta información y tantos métodos en las últimas décadas, ¿no está ya todo dicho en materia de nutrición? No. En realidad, se está volviendo a lo que decía cuarenta años atrás, pero con más conocimiento. Cuando empecé a trabajar con obesos, la mala palabra era “hidratos de carbono”. Las “4 P” (pan, pastas, postres, pizzas) eran el cuco. En aquel entonces, si bien había intuición de que había que comer menos, no se sabía que había hidratos de carbono que actuaban sobre los neurotransmisores. Hoy se sabe que no todo hidrato de carbono es mala palabra, pero sí los de alto índice glucémico, que es el que te despierta la capacidad de tener más hambre y que trae aparejado el ingreso de grasa. En los ‘90, las “4 P” estaban en la base de la pirámide de alimentación. ¡Esa pirámide era una apología de las harinas! Hoy, a las harinas refinadas se las ubica en la punta, que es el lugar donde menos se las debe consumir. En la actualidad, no hay pirámide sino un plan alimentario con forma de escalera, en el cual llegar arriba es peligroso y donde lo bueno para mejorar la calidad de vida es no bajar ningún escalón de los que vas subiendo. También está el tema de las calorías. Antes se decía que había calorías buenas y malas; pero hoy hay conciencia de que las calorías ¡son calorías! Y sumadas, aunque vengan de la mejor calidad de alimento, formarán la peor calidad de grasa en el cuerpo. Aunque un sándwich se haga con grasas sanas y no trans, suma calorías.

¿Pero no te parece que la información que la gente tiene es inversamente proporcional a la forma en la que come? Es cierto. Paralelamente a la tendencia de ir hacia lo dietético y reducir el tamaño de las porciones, se registra otra tendencia que es ofrecerle a la gente comidas cada vez más grandes y adictivas. Las galletitas, masitas y toda la gama de harinas refinadas son las responsables del hedonismo oral, un fenómeno que se da a nivel de los neurotransmisores cerebrales. Surgen los gordos ilustrados. Ellos le echan la culpa de su gordura a, por ejemplo, la tiroides. Y se enojan cuando uno le dice que, en verdad, es por culpa de las mollejas. Uno de los tres suplementos que aparecerán con Para Ti será para personas con 10 o más kilos de sobrepeso, es decir, un obeso.

La obesidad es la primera epidemia globalizada que se registra en la historia de la humanidad. Se trata de una enfermedad/adicción contagiosa, contaminante, no bacteriana, no virósica y que se transmite de persona a persona, de hábito en hábito. Se estima que para 2049, el 100% de la población afroamericana y latinoamericana que vive en los Estados Unidos será obesa. En México y otros países, el sobrepeso con el número de masa corporal 27 ya es considerado obesidad. Cuando el índice de masa corporal (el IMC se calcula basado en el peso sobre altura al cuadrado) va de 27 a 29 estamos frente a un sobrepeso, que manifiesta enfermedad en alguna área. La obesidad grado 1 está en un 30 de IMC; la grado 2, en un 35; la obesidad mórbida, de grado 3, se ubica a partir del 40 de IMC. A pesar de las medidas preventivas, en la Argentina las cifras aumentan a la par del mundo.

Según la Sociedad Argentina de Nutrición, más del 52% de la población tiene sobrepeso y obesidad. Y va aumentando la obesidad infantil: un 35% –entre niños, púberes y adolescentes de 6 a 19 años– son obesos, contra el 14% registrado veinte años atrás. ¿Los gordos entienden que tienen un problema de salud? De la boca para afuera, el gordo insiste que comer es lindo. Sin embargo, si tenés 20 kilos de más lo “lindo” de comer terminó hace mucho tiempo. Hay mucho sufrimiento. Es que, en general, los desórdenes de la alimentación provocan patologías serias. Hay que decir que cuando la genética ayuda, la comida no lastima: hay gordos enormes sin hígado graso y sin hipertensión. Pero hay quienes, con 10 kilos de más, son una bomba de tiempo. La grasa, además de tener una función útil para producir hormonas, puede generar hipertensión, apnea del sueño, colesterol, ácido úrico, diabetes tipo 2 (es tan fuerte que se llama diabesidad). Antes, a todo este conjunto de enfermedades –cuyo origen es la mala relación que hay entre grasas, la producción y asimilación de alimento– se lo conocía como síndrome X. Hoy, que ya se sabe cómo y por qué surge, se lo llama síndrome de resistencia a la insulina o plurimetabólico. A pesar de que los cardíacos tienen una carga genética que los predispone, una gran gordura puede provocarles un infarto. Las combinaciones más comunes son hipertensión-diabetes o hipertensión-diabetes-dislipemia. A estas personas hay que tratar de apagarles la mecha.

¿Es posible bajar tantos kilos? Puede ser fácil o difícil, pero se puede. Cuando el “no se puede” gana cuerpo, se pierde cuerpo. Es entonces cuando, resignación mediante, te dan pastillas o te operan. Yo no creo que tenga que ser así. La gente se mueve cada vez menos: se promocionan marcas deportivas o programas de televisión, pero no que practiques un deporte. Después del trabajo, en vez de encerrarte en tu casa, dar cinco vueltas de manzana con zapatos es mejor que nada, o subir las escaleras del edificio. Como se verá en los suplementos, la recomendación es empezar despacio, hasta tener una actividad física cinco o siete veces a la semana. Dicen que sos tan duro con quien tiene muchos kilos de más como con quien tiene pocos. ¿No es exagerado enloquecer y enloquecerse por unos cinco kilitos acumulados? Soy duro, firme y convincente porque tengo que penetrar la dura capa de grasa que envuelve tanto la cabeza como el cuerpo de esa persona. Eso va también para quienes tienen sobrepeso estético, que se refiere a quienes tienen aproximadamente menos de un 10% de peso de más con respecto al peso que uno tiene que tener.

¿Quiénes lo tienen? En general, mujeres jóvenes y activas; y también las sedentarias. Para muchas de ellas, el chocolate, las galletitas y el alcohol son su debilidad. Los hombres, en cambio, van por lo salado: la carne, el pan, el queso. Ellos no sufren la gordura hasta que no es muy obvia: sufren poco por mucho. Las mujeres, en cambio, sufren mucho por poco. El hombre se escuda en frases como “Soy de buen comer”; la mujer, en cambio, nunca lo reconocerá. El hombre nunca explicará psicológicamente su gordura. En cambio, la mujer dice “Estoy sola”, “Estoy mal acompañada”, “Siempre me pasa algo”. Hay que remarcar que el sobrepeso estético no es peligroso para la vida. Pero si alguien está acarreando cinco kilos de más por muchos años, y se la pasa diciendo que quiere sacárselos de encima sin poder corregirlo, algo anda mal. No es tanto la cantidad de kilos sino la cantidad de intentos frustrados que hablan mal de uno. Eso deja en claro la fuerte dependencia de la comida, que hace que se viva adherido a un grave circuito adictivo. “Tendría que dejar de comer tanto”, suele decir la gente. “¿Por qué no lo hacés?”, le preguntás. “Porque no tengo tiempo”, responden. ¿Tiempo para qué?, pregunto yo. ¡Si no te ocupa tiempo no comer de más! Lo que sí te ocupa tiempo es dar vueltas alrededor de lo mismo. Cuando no podés bajar por tu propia cuenta, tenés que recurrir a alguien.

Dada la alta tasa de fracasos a la hora de hacer dieta, ¿cuál es la tendencia hoy sobre los tratamientos y sus enfoques? Es cierto. Fracasaron las pastillas, las dietas convencionales y están empezando a fracasar las cirugías. Lo que está claro es que está fracasando el intento de sostener la delgadez con una alimentación equilibrada. El hombre está hecho de bajas pasiones, de bajos instintos, de alto paladar. El budismo alimentario está cada vez más lejos. Y la razón está en que, para lograrlo, hay que dejar de generar estímulos fuertes –dulces, salados y picantes excesivos– que producen la adicción. La tendencia mundial actual se basa en la moderación. Si te fijás, moderación es la palabra que más aparece en los discursos actuales, ocupa los titulares de los diarios más importantes del mundo. Volcada al mundo de la nutrición, el mensaje no es ‘No comas’ sino ‘No comas tanto’. Tener en claro cuál es la medida de todo (de cuánto tomar, comer, jugar, salir) dependerá de la predisposición que uno tenga para no caer en el consumo que la sociedad propone. ¡Todo es consumo! ¿Cuántos gordos dejan de comer y empiezan a comprar? La moderación, en este contexto de crisis mundial (se ha estado comiendo de la misma forma alocada con la que se estuvo despilfarrando dinero) no viene nada mal. Resignar comer de más es ganancia. La enseñanza actual es que una dieta supone perder para ganar: perdés kilos y goce, para ganar años, salud y satisfacción.

Autor: M. F. SANGUINETTI

Fuente: PARATI

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TRASERO GRANDE, BUENA SALUD

marzo 7, 2009

¿Tiene un trasero muy grande? No se preocupe: puede ser una señal de buena salud.

La grasa corporal no es tan perjudical como parece. O al menos la que a menudo se ubica en los muslos y las nalgas.

Según una nueva investigación la grasa acumulada bajo la piel, o subcutánea, particularmente en esas partes del cuerpo, podría ayudar a reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Durante mucho tiempo se ha sabido que esta enfermedad está relacionada a la obesidad.

En particular el riesgo de diabetes 2 se vincula a la llamada grasa visceral, ubicada en el área abdominal y que envuelve a los órganos del cuerpo.

Pero los científicos de la Escuela de Medicina de Harvard y el Centro de Diabetes Joslin, en Estados Unidos, afirman que la grasa subcutánea -la que se encuentra en caderas y muslos– puede reducir los niveles de insulina y mejorar la sensibilidad a esta hormona.

“Estos resultados podrían conducir a la búsqueda de sustancias compuestas de grasa subcutánea que puedan ser beneficiosas para el metabolismo de glucosa” afirma el doctor Ronald Kahn, uno de los autores del estudio publicado en Cell Metabolism (Metabolismo Celular).

¿Cuerpo de manzana?

En promedio, entre 80 y 90% de la grasa corporal es subcutánea, y el 10 o 20% restante es grasa visceral.

Según los autores, la obesidad en el área abdominal o visceral -la clásica “barriga de cerveza” o el cuerpo en forma de manzana- aumenta el riesgo de diabetes y mortalidad.

Grasa abdominal
10% de la grasa corporal está ubicada alrededor de los órganos importantes del cuerpo. Y se cree que obesidad en áreas subcutáneas -el cuerpo en forma de pera– puede reducir estos riesgos.

Para comprobar esa teoría, en el estudio llevado a cabo con ratones los científicos trasplantaron grasa de una parte del cuerpo de los animales a otra.

Cuando se retiró la grasa subcutánea y se colocó en el área abdominal, se registró una disminución en el peso, la masa de grasa y los niveles de glucosa en la sangre.

Los animales también se volvieron más sensibles a la insulina, la hormona que controla la forma como el cuerpo utiliza el azúcar.

Se cree que la primera etapa de la diabetes tipo 2 se inicia cuando comienza a fallar la respuesta del cuerpo a la insulina.

Pero cuando los investigadores retiraron la grasa abdominal y la inyectaron en otras partes del cuerpo no se registró ningún efecto.

Los autores concluyen que la grasa subcutánea es intrínsecamente diferente de la grasa visceral y ésta quizás produce sustancias que mejoran el metabolismo de glucosa.

Compensación

Según el profesor Kahn “lo más sorprendente fue descubrir que la variante más importante no es donde la grasa está localizada, sino el tipo de grasa”.

Estos resultados podrían conducir a la búsqueda de sustancias compuestas de grasa subcutánea que puedan ser beneficiosas para el metabolismo de glucosa -Prof. Ronald Kahn, Centro Joslin de Diabetes
“Y todavía más sorprendente es el hecho de que no es que la grasa abdominal está ejerciendo efectos negativos, sino que la grasa subcutánea está produciendo buenos efectos”, agrega.

Según los autores es posible que la grasa subcutánea compense los efectos de la grasa visceral.

Y creen que la grasa subcutánea quizás produce ciertas hormonas, llamadas adipokinas, que producen efectos beneficiosos en el metabolismo.

Si es así, afirman los expertos, se debe encontrar una nueva forma de analizar si el sobrepeso y obesidad de la gente son “sanos o dañinos“.

El actual Índice de Masa Corporal no diferencia entre los dos tipos de grasa y se considera perjudicial todo el peso que sobrepase los niveles establecidos.

Pero los expertos subrayan que es importante que la gente siga controlando su peso corporal con una dieta sana y ejercicio, ya que éstos tienen un impacto muy importante en los niveles de grasa visceral.

Los autores del estudio intentarán ahora identificar cómo se lleva a cabo la producción de adipokinas en la grasa subcutánea.

Y una vez identificado ese proceso, encontrar la forma de producir estas sustancias para crear un fármaco capaz de llevar a cabo la misma función.

Fuente: BBCMundo.com

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ESTILO DE VIDA, CANCER Y OBESIDAD

enero 11, 2009


Investigaciones recientes analizan las complejas interacciones que precipitan el desarrollo de tumores. Qué medidas puede adoptar para reducir su riesgo.

Por: Robert Weinberg y Anthony L. Komaroff

Hace tiempo que se sabe que una dieta rica en grasas, la obesidad y la falta de ejercicio pueden elevar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes. Sin embargo, en los últimos años hemos descubierto que esos mismos factores de estilo de vida juegan un rol importante en la aparición del cáncer, lo que en el fondo debería tomarse como una buena noticia. Si adelgaza, hace ejercicio con regularidad, evita las dietas ricas en carnes rojas (las carnes de aves, el pescado y las verduras son excelentes fuentes de proteína), consume más frutas y verduras, y deja de fumar, podría prevenir en un 70 por ciento todas las formas de cáncer.

Las pruebas más contundentes sobre la importancia que tiene el estilo de vida en el cáncer es que las neoplasias o tumores más comunes tienen una tasa de incremento distinta en diferentes partes del mundo. Varios cánceres frecuentes en la población estadounidense, como los de colon, próstata y mama, son raros en otras regiones del planeta y se presentan con una décima o un vigésima parte de la frecuencia con que lo hacen en EE. UU.

Otro hallazgo es que cuando las poblaciones de otros lugares del orbe emigran a EE. UU., en solo una generación su tasa de cáncer se acerca a la de familias que han vivido en ese país por mucho tiempo. Incluso quienes permanecen en su patria, pero adoptan el estilo de vida de otros lugares, presentan un mayor riesgo de cáncer: a medida que los japoneses han incorporado las costumbres occidentales, sus tasas de cáncer de colon, mama y próstata se dispararon.

¿Qué hay en el estilo de vida estadounidense que eleva el riesgo de muchas formas de cáncer? Al parecer, los principales responsables son la dieta occidental, la obesidad y la inactividad física. Un ejemplo notable de la influencia de la dieta fue publicado el verano boreal pasado en la revista de la American Medical Association, JAMA.

Un grupo de médicos analizó los hábitos de los pacientes con cáncer de colon durante los años posteriores al tratamiento quirúrgico. Observaron que, en los siguientes cinco años, aquellos que consumieron una dieta occidental convencional tuvieron tres veces mayor probabilidad de desarrollar nuevamente el cáncer que quienes consumieron una dieta “saludable”, rica en frutas, verduras y solo pequeñas cantidades de carne roja. ¿Cuál fue el efecto que tuvo la dieta? Fue evidente que la cirugía no logró eliminar todas las células cancerosas del colon; y quizás algunas células se habían desprendido del tumor antes de la cirugía. La dieta occidental lo que hizo fue estimular el crecimiento de esos depósitos de células cancerosas residuales.

Después del tabaco, la obesidad es el segundo factor en importancia para el desarrollo de cáncer en las poblaciones occidentales. Un reciente estudio de la American Cancer Society reveló que las personas de mayor peso, en comparación con las más delgadas, tienen mayor riesgo de morir a causa de 10 tipos distintos de cáncer, en el caso de los varones, y 12 formas diferentes de la enfermedad en mujeres. Los ejemplos más extremos fueron cáncer de hígado en hombres (el riesgo aumentó casi cinco veces) y cáncer uterino en mujeres (más de seis veces mayor). También se sabe que el ejercicio es una protección importante contra ciertas formas de cáncer.

Por ejemplo, el Estudio de Salud de Enfermeras, que siguió la evolución de unas 120.000 enfermeras desde mediados de los años 70, mostró que las mujeres que hacían una o más horas diarias de ejercicio moderado tenían 30 por ciento menos riesgo de cáncer de colon que quienes no se ejercitaban. El ejercicio también protege contra el cáncer de mama. El estilo de vida influye en el riesgo de cáncer porque genera señales que favorecen el crecimiento de células predispuestas a volverse cancerosas o que ya lo son. Y lo que determina esa predisposición es, en primer término, un cambio en sus genes.

Todos los tumores nacen de una célula “renegada”. Al principio, es solo una de unos 30 billones de células que componen el cuerpo. Su aspecto no es distinto al de las células que la rodean y, como ellas, se divide sólo cuando el órgano del que forma parte tiene que dividirse. Pero, aunque el órgano tenga suficientes células, la “renegada” empieza a multiplicarse sin control: una célula se hace dos, dos en cuatro, cuatro en ocho y así sucesivamente. Así, podría afirmarse que el cáncer es una enfermedad de genes que funcionan mal.

Cerca del 10 por ciento de todos los cánceres se desarrollan en personas que heredaron genes que les vuelven vulnerables. En algunos casos, esos genes tienen tal influencia que el riesgo de cáncer es alto. Sin embargo, la mayoría nacemos con genes buenos que han contribuido de manera benéfica al desarrollo de nuestros organismos: al fin de cuentas, los genes tuvieron cerca de 600 millones de años de evolución para optimizarse, así que deben funcionar bien.

Ahora bien, ¿qué causa los diversos cambios genéticos que producen el cáncer? Una posibilidad son las sustancias químicas del ambiente que provocan mutaciones (mutágenos). El mayor ejemplo, sin lugar a dudas, es el humo del tabaco. Sin embargo, otros químicos ambientales sospechados a menudo (como conservantes de alimentos o emisiones de fábricas) no son tan importantes. De hecho, solo de un 1 a un 2 por ciento de los cánceres en los países desarrollados puede atribuirse a esos contaminantes ambientales.

No se sabe precisamente cómo contribuye la dieta occidental a elevar el riesgo de cáncer. Los alimentos que consumimos contienen sustancias químicas que pueden mutar genes y, en consecuencia, podrían provocar cáncer. Por ejemplo, la carne roja cocida a temperatura muy alta genera mutágenos muy potentes denominados aminas heterocíclicas. La comida contiene muchas sustancias químicas que el cuerpo las transforma en otras, de modo que es muy difícil determinar el factor de la dieta occidental que incrementa el riesgo de cáncer. Pero no cabe duda de que lo hay.

Aunque tampoco entendemos por qué la obesidad conduce al cáncer, se cree que los promotores de cáncer podrían tener una función. La obesidad provoca altos niveles sanguíneos del “factor de crecimiento similar a la insulina” (IGF-1): en teoría, esto evitaría que mueran las células cancerosas en estadios tempranos dispersas por todo el cuerpo, debido a que el citado factor inhibe la acción de los genes celulares suicidas.

Asimismo, la inflamación podría explicar la relación entre obesidad y cáncer. La inflamación es un proceso normal que ayuda al cuerpo a prevenir la infección de un tejido y a curarlo cuando sufre una lesión. Las células del sistema inmunológico dirigen la inflamación y algunas de sus herramientas son señales químicas conocidas como citocinas. Muchas veces, la inflamación es breve. Si nos herimos la piel o desarrollamos una infección bacteriana, la inflamación contribuye a reparar la herida o eliminar las bacterias, y desaparece cuando termina su tarea.

Ahora bien, si existe un estado que la inflamación no pueda resolver, entonces se prolonga hasta volverse crónica. El tejido lesionado es atacado por citocinas que promueven el crecimiento y les indican a las células del tejido que sigan multiplicándose para reemplazar a las células lesionadas o destruidas. Pero si alguna de las células madre tiene mutaciones que la volvieron precancerosa, las citocinas que las alientan a multiplicarse pueden subir el riesgo de que comience a desarrollarse un tumor. Por ejemplo, el tejido del estómago puede volverse canceroso cuando sufre una inflamación crónica debido a las bacterias que provocan úlceras gástricas.

Lo mismo ocurre con la mucosa interior de la vesícula luego de muchos años de irritación provocada por cálculos, o con el hígado, tras años de infección por el virus de la hepatitis. ¿Qué tiene que ver la inflamación con la obesidad? Las células grasas sueltan compuestos inflamatorios en la circulación, que pueden estimular el desarrollo de células cancerosas. A mayor sobrepeso, mayor nivel de señales inflamatorias. Y es posible que las citocinas actúen como promotores de cáncer. El ejercicio moderado y regular reduce los niveles sanguíneos de IGF-1 y citocinas, incluso con exceso de peso.

Es posible que el nivel reducido de estos promotores del cáncer explique el efecto protector del ejercicio regular. A su vez, el ejercicio baja los niveles sanguíneos de estrógeno en las mujeres y esto podría ser otro beneficio en la lucha contra el cáncer de mama. Nuestra creciente comprensión de los genes cancerígenos y la influencia de las señales químicas que promueven la formación de tumores ya redundó en nuevas e importantes pruebas diagnósticas y poderosos tratamientos, y habrá más en el futuro.

No obstante, los estudios epidemiológicos sobre estilo de vida y cáncer nos han dado ya armas para reducir el riesgo de esta enfermedad. Aunque no es fácil realizar cambios en el estilo de vida, tampoco es imposible. Cada vez son menos los estadounidenses que fuman; quizás deban pasar otras dos generaciones para disminuir aun más el tabaquismo, mejorar la dieta, y modificar patrones de peso y ejercicio, pero se puede hacer. Si lo consiguen, sus nietos volverán la mirada hacia la actual generación y, rascándose las cabezas, se preguntarán por qué tardamos tanto en escapar de la enfermedad más temida por todos cuando solo hacía falta cambiar la forma en que vivimos la vida.

Weinberg es profesor de la Sociedad Estadounidense de Investigación del Cáncer en el MIT, y miembro del Instituto Whitehead. komaroff es profesor de medicina en Harvard y director de Harvard Health Letter.

Fuente: Diario El Argentino

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LA EPIDEMIA DEL NUEVO SIGLO

enero 4, 2009

“La epidemia del nuevo siglo”, así calificó la Organización Mundial de la Salud a la obesidad. Un mal que cada día afecta a millones de personas.

El comer a deshoras, la comida chatarra, la falta de agua, frutas o verduras o la falta de actividad física son algunas de las razones que causan la obesidad en las personas.

En Estados Unidos la obesidad cobra la vida de 300.000 personas cada año, debido a la diabetes e hipertensión asociadas a la misma.

En este informe de la televisión chilena, vemos un reportaje hecho al prestigioso médico gastroenterólogo el Dr. Mario Rosemberg que es miembro de la junta científica de la empresa Herbalife.

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LA ERA DEL BIENESTAR

diciembre 26, 2008

Coca Cola, Ser, Terma y hasta Mc Donald´s arengan con las costumbres saludables. Son pocas las marcas que se despegan del nuevo mandato de buscar el equilibrio. Todas ofrecen algo más de lo que son y ya no se distingue muy bien cuando se habla de alimentos o de medicamentos. El consumidor lo vive como una oferta aliviadora pero también lo angustia saber que siempre le falta algo para estar bien. Un informe de TNS Gallup se mete de lleno en la problemática de la nueva prédica de los marketineros y Constanza Cilley, Directora de Investigación de la consultora, detalló a Infobrand hasta dónde se está llegando con esta tendencia.

La invitación hablaba de un seminario de “wellbeing”, o sea, de “estar bien” o de “bienestar”. Y el lugar elegido para la presentación de TNS Gallup no fue casual. La cita fue en Tea Connection, un bar ubicado en el cada vez más poblado Puerto Madero. Se presentan como “deli & tea house” y allí el té verde, el arroz yamaní y el veggie roll son tan populares como un “cortado”. Sus folletos de presentación son casi un “manifiesto” de pureza. Se declaran libres de Tacc, libres de conservantes y saborizantes y aún dicen “suspirar al abrir una lata de té”. Justamente, entre medio de los tés antioxidantes y los budines de banana con arándanos y degustando aguas saborizadas, Constanza Cilley, detalló de que se trata esta tendencia de pregonar “el bienestar”.

¿Moda, tendencia o necesidad? De esto habló Cilley, la analista de TNS Gallup que comandó la parte argentina de este estudio global encarado por la consultora. “El wellbeing es una tendencia muy abarcativa y fuerte que no reconoce fronteras, además hoy los gobiernos son concientes de que les conviene preocuparse por el bienestar porque así se reducen los gastos en salud y eso mejora las finanzas”.

Y eso desembarca con fuerza en el mundo de las marcas. Ni más ni menos que Coca Cola, la marca más emblemática del mundo, bautizó a su última campaña con el slogan del “bienestar emocional”. La gaseosa organizó un seminario y un taller para debatir esta problemática y etiquetó todos sus productos con la nueva prédica. Mc Donald´s, el clásico del fast food, hace rato se subió al ralentamiento. Ensaladitas, manzanas y pechugas crispy se codean con las antológicas “cajitas felices”. La marca Ser ya es un símbolo del “cuidado” y prácticamente abrió un nuevo imaginario en torno al consumo y la saludabilidad. Y así le siguen Activia, con su adiós al tránsito lento, y Actimel, que personifica la barrera contra todos los gérmenes. Desde otro rubro, Terma supo aggiornarse y dejó de ser una bebida para gente grande casi de tercera edad convirtiéndose en una opción totalmente enrolada en la nueva era de las hierbas saludables. Es dificil encontrar un discurso disonante, salvo el que pregona Burger King que últimamente anda ufanándose de su sandwich de cuatro hamburguesas apiladas con efecto “stacker”, como si celebraran estar libres para ocupar el territorio del cual otros huyen espantados.

Dame más

“Lo más saliente de esta etapa es que se desdibujan los límites entre las categorías, hoy hay que repensar la competencia ya que los lácteos pueden estar entrando en el mismo terreno que los laboratorios, tanto una aspirina como una leche fermentada ofrecen soluciones por igual” resaltó la analista de TNS Gallup. Y sí, la batalla contra las gérmenes hoy la encaran los antibióticos tanto como los limpiadores multiuso o las leches multifuncionales.

Los productos son funcionales a muchas cosas, ya no basta con que cumplan con lo básico, tienen que dar algo más y servir para el engranaje general del tan ansiado “sentirse bien”. Por eso se habla del plus, de todo aquello que ofrece por arriba de lo esperable. Aparecen protagonistas con espíritu de superhéroes como el Omega 3 o los lactobacilus. Pero así como hablamos de la era plus deberíamos decir que también es la era del “sin”. Todo lo que tienen los productos es tan importante como todo aquello que no contienen. Las grasas trans, el sodio o el azúcar son los invitados menos deseados en el nuevo banquete del consumidor.

Valorar, más allá del saber

Entretanto, las marcas siguen sumando comunicaciones y acciones encaminadas a estar al ritmo del bienestar. La prédica de Coca Cola, que históricamente habló de la felicidad, retoma el tema pero desde un punto de vista supuestamente más profundo. Ya no es solamente una sonrisa al pasar sino todo un cambio de actitud, por eso se embanderan con el “bienestar emocional”. Se pasa de la superficie a la indagación, a la profundización porque con lo que se ve no alcanza, hay que pispear más profundo, hay que saber que no basta con “calmar la sed o darse un gustito pasajero”. De pronto, las maratones se convirtieron en un paraíso para las marcas que quieren ligarse a los nuevos preceptos de la vida sana. No se pondera tanto al ganador sino que se festeja el solo hecho de participar. La asociación con la salud es un tema necesario e inevitable.

Pero la vida urbana y globalizada nos empuja hacia un ritmo “sin parar” y por eso hay que cuidarse a cada paso. Las golosinas son posibles compuestos de vitaminas que nos permitirán seguir adelante, las bebidas nos energizan para no cabezear (como lo pone en evidencia el último comercial de V, la marca de Danone) cuando nos sorprende la modorra y ya quedan pocas excusas para no “cuidarse”. Hasta en los kioscos se consiguen ensaladas y ya no es raro ver desde facturas hasta alfajores en versión light. El consumo “on the go”, ese que nos sirve de tentenpie al paso, también está atiborrado de opciones saludables. El punto es que todo eso vale y desde TNS Gallup vieron que hay oportunidades. “Dos de cada tres entrevistados admitieron que están de acuerdo en que lo funcional valga más y están dispuestos a pagar más por este tipo de productos” aclaró Cilley.
Pero no hay que confundirse, “la gente no sabe mucho sobre el tema, hay desconocimiento de los nutrientes o vitaminas, salvo para lo básico como el hierro, el calcio o la vitamina C, no se puede ir mucho más allá” puntualizó la analista.

Y esta búsqueda del bienestar al cual todos parecemos impelidos también genera cierto estado de angustia. “Hay como un mandato del bienestar que genera algo de preocupación para los que no se cuidan, pero es evidente que hay un corrimiento del consumo y la gente aplaude la llegada de las aguas saborizadas que les compiten a las gaseosas, o las propuestas de Ser o Levité y hasta la concepción de la campaña de Dove que habla de la mujer real”, resaltó la experta.

La conciencia está pero no siempre hay buena información. “Un 77% se informa de lo que debe consumir o de qué es lo que conviene a través de los medios masivos, también importa mucho el boca en boca” concluyó el estudio de TNS Gallup.

En marcha dispar

Pero no siempre hay un compromiso cierto con el cambio de conductas. “Cuatro de cada diez argentinos hacen actividad física pero más de la mitad de los sectores de clase media baja y baja no practican” puntualizaron. El estudio comparado indica que en los países nórdicos casi todos están comprometidos con algún tipo de actividad física y eso supone un buen eslabón para hacer funcionar la cadena del bienestar. La obesidad aparece y se presenta como la enfermedad más grave del momento de las no transmisibles y mucho tiene que ver el ritmo de vida y los consumos. La prédica va llegando y la van conociendo todos los sectores pero sin duda es un tema que tiene más posibilidades de combatirse en los sectores medios y altos y en los países más desarrollados. Ese plus, tiene un precio y no todos pueden pagarlo.

Pero la conciencia llegó para quedarse. Ya es un hábito adquirido y de manera transversal el tema de leer las etiquetas de los productos para conocer los ingredientes. “La comida tiene otro rol porque más allá de ser fuente de placer hoy hay más conciencia del comer como hecho de salud o terapéutico por eso no suena tan raro el discurso de algunos productos que parecen medicamentos” declaró la experta de TNS Gallup.

Del pago

Sin generar ruido, también surge el culto a lo autóctono. “La globalización y la percepción mundial de temor que surgió después de fenómenos como la caída de las Torres Gemelas supusieron una vuelta a las raíces, entremedio de la angustia y el miedo lo autóctono que nos contacta más con la tierra y los orígenes nos brinda mayor tranquilidad” aseveró Cilley. Esto mismo puede verse reflejado en nuestro entorno cercano cuando observamos la cantidad de restaurantes y lugares de veneración de todo aquello que huela a natural y original. Es un mundo donde todo coexiste generando tensiones. Por un lado, la campaña de Dove apuntando a la mujer común, y por el otro lado, la vidriera de las colas y las lolas siliconadas.

Es un momento donde se quiere y se venera todo al mismo tiempo. Se pondera la belleza real pero se rinde culto a los cuerpos esculpidos por el láser, se habla del slow food y se corre a deglutir un almuerzo, se combate al cigarrillo y se mira con simpatía el consumo de porros, se pregona el autocontrol en el consumo de alcohol al tiempo que se endiosan los varietales.

Claro, no es lo mismo. Las privaciones cotidianas de grasas y azúcares se barren de un plumazo si el envase permite intuir que se está frente a un consumo de excelencia. En lo masivo hay que cuidarse pero al mismo tiempo surgen cada vez más espacios para incurrir sin culpa en algunos placeres sofisticados. El buen vino de alta gama o el puro guardado en los mejores humidificadores de la ciudad, no están bajo la mira. Lo que está en la picota es el consumo vulgar de grasas, de azúcares o de los males del momento. Algunos igual ya están de vuelta y también saben encontrar el placer de comerse una rebosante pizza de muzzarella en Guerrín.

Lo cool y lo popular se encuentran en la vuelta de la esquina porque lo que siempre fue originalmente grasoso y sabroso hoy puede recuperarse por obra y gracia de la ponderación a lo autóctono.

El concepto de bienestar surgió en los cincuenta, cuando se habló de salud como un concepto que no solamente indicaba ausencia de enfermedad, pero cada vez es más inclusivo. Ya no es privativo de un sector sino que va ganando espacio entre aquellos que antes se mantenían al margen. “Antes los intelectuales casi no se preocupaban por el aspecto físico o el cuerpo pero hoy ya está instalado que uno no solo vale por las ideas sino también por el cuerpo y los hábitos que dicen bastante acerca de cómo es uno” concluyó Cilley mientras terminaba de degustar su agua energizante de mango, pomelo y guaraná.

Fuente: Alicia Vidal / Infobrand

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