INFORME DE LA O.M.S.

septiembre 24, 2005

Ya hay mil millones de personas con sobrepeso
INFORME DE LA ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD
Según la OMS, en 10 años, la cifra ascendería a 1.500 millones en todo el mundo.

Sepa si tiene sobre peso haciendo click aquí

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DIARIO CLARIN – Informe Especial Ginebra – DPA

Más de mil millones de personas en el mundo tienen sobrepeso y están amenazadas por enfermedades cardíacas, informó ayer en Ginebra la Organización Mundial de la Salud (OMS).
“La verdadera tragedia es que el sobrepeso y la obesidad y las enfermedades crónicas relacionadas, podrían ser ampliamente evitables”, dijo el experto de la OMS Robert Beaglehole en una declaración sobre el Día Internacional del Corazón, el próximo domingo. “Hasta un 80 por ciento de las enfermedades cardíacas, infartos, diabetes y también el 40 por ciento de los casos de cáncer podría evitarse con una alimentación saludable, ejercicio físico regular y no fumar”, indicó.

Según la OMS, las víctimas de sobrepeso podrían llegar a los 1.500 millones antes del año 2015. Lo que antes era un problema de los países ricos se extiende también por el mundo en desarrollo. La tendencia a consumir alimentos ricos en grasas, sal y azúcar afecta a estos países como la escasa movilidad por métodos de trabajo modernos, el transporte público y la urbanización a los ricos.

En la Argentina entre el 55 y el 60 por ciento de la población adulta padece de algún grado significativo de exceso de peso. El porcentaje preocupa a los especialistas en obesidad y trastornos alimentarios porque no existe una legislación relacionada y por lo tanto la obesidad “no es reconocida como una enfermedad”, y quien la padece no tiene los beneficios de una cobertura social.

El sobrepeso y la obesidad son importantes factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, la primera causa de muerte: se calcula que produce alrededor de 17 millones de muertes cada año. Según la OMS, el 75 por ciento de las mujeres mayores de 30 años sufren sobrepeso, en países tan diversos como Barbados, Egipto, México, Sudáfrica, Turquía o Estados Unidos. Las tasas de sobrepeso son similares para los hombres de la misma edad en Argentina, Alemania, Grecia, Kuwait, Nueva Zelanda, Samoa y Gran Bretaña. Sorprendentemente, las islas Pacífico occidental, Nauru y Tonga, tienen la más alta prevalencia global de sobrepeso: nueve de cada diez personas tienen sobrepeso.

El aumento del índice de masa corporal es un alto factor de riesgo de enfermedades cardíacas, infarto, diabetes de tipo 2 y otras enfermedades crónicas. La OMS estima que en los próximos diez años, las enfermedades cardiovasculares aumentarán notablemente en la región del este del Mediterráneo y en Africa, donde la relación entre muerte y enfermedad cardiovascular aumentaría alrededor del 25 por ciento.

La obesidad es un problema de los últimos 100 años y de la clase media occidental, porque un niño de Burundi en Africa, sólo puede acceder a la ingesta de 1.700 calorías diarias, y para él sin ninguna duda la desnutrición es un auténtico fantasma. En Somalía se ingieren no más de 1.580 calorías diarias, en Dinamarca, 3.780 y en los Estados Unidos, algo más de 3.560.

El incremento de obesos en los Estados Unidos —que se ha duplicado en los últimos 30 años— le significa a las empresas un costo de 99.200 millones de dólares al año. Allí viven cerca de 270 millones de personas y se estima que existe unos 97 millones de ciudadanos con sobrepeso.

Fuente: Diario Clarin http://www.clarin.com/diario/2005/09/23/sociedad/s-04801.htm

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EMOCION Y OBESIDAD

septiembre 17, 2005

Psicología / Relación entre el estado de ánimo y la alimentación

El dudoso nexo entre emoción y obesidad
No parece ser una fórmula apropiada, pues tiene cara de trastorno corporal

MARIA JESUS RIBAS
Efe/EL UNIVERSAL

El nexo entre el sobrepeso corporal y el malestar psicoemocional es cada vez más evidente. La obesidad es a la vez causa y consecuencia de numerosos problemas psicológicos; y los problemas del cuerpo y la mente se realimentan mutuamente, en un círculo vicioso, que de no interrumpirse compromete la salud.

El exceso de peso corporal suele generar trastornos como la depresión o la ansiedad, ya que convive con una dolencia que dificulta la forma de vestir, dar una carrera para tomar un autobús o sentarse en una butaca de cine. Altera la autoestima y calidad de vida de las personas obesas, las cuales a menudo son discriminadas.

Por otra parte, muchas personas ceden habitualmente al impulso de comer desaforadamente y de forma compulsiva, en la primera ocasión que se les presenta, cuando están sometidas a situaciones de enojo, depresión, ansiedad, estrés o falta de autoestima.

Si se come emocionalmente, se engorda indefectiblemente. Para controlar su peso, debe controlar sus sentimientos, en vez de alimentar el ego con cuchara y tenedor, señalan los expertos.

Si trata de estimularse, satisfacerse o tranquilizarse ingiriendo o bebiendo. Si utiliza la comida como recurso para satisfacer sus necesidades emocionales, mejorar su ánimo o anestesiar sus sentimientos, recuerde que los sentimientos pueden pesarle.

Explorando las causas

Tomar un bocado alguna vez para calmar el hambre del alma, o buscar consuelo cada tanto en un helado o chocolate no es grave, ya que comer como respuesta a los estímulos emocionales puede aliviar la tensión. Pero esta reacción se vuelve peligrosa para el peso corporal y la salud cuando se convierte en hábito, conlleva comer en exceso y escapa al control del afectado.

Pero, ¿por qué nos llevamos la comida a la boca cuando nuestras emociones se desbocan? Para algunos expertos las raíces están en los hábitos aprendidos en la infancia, cuando se le da de comer al bebé que llora o se regala un caramelo al pequeño que ha sufrido un rasguño para consolarle, relacionando la comida con el alivio del malestar.

Para los niños y adolescentes, que viven en un mundo a veces duro y confuso, la comida es una de las pocas situaciones en que no temen verse abandonados o criticados.

Según el doctor Gregorio Mariscal Bueno, experto en nutrición, la persona que necesita comer alimentos ricos en carbohidratos cuando está alterada emocionalmente, trata de aumentar de forma inconsciente sus niveles de serotonina, una sustancia producida por el organismo que regula los estados de ánimo.

A través de una serie de reacciones químicas corporales, los carbohidratos permiten que penetre en el cerebro más triptofano, el precursor de la serotonina, gracias a lo cual se libera más serotonina, lo que alivia el estado de ánimo negativo.

Círculo vicioso

Cuando se come demasiado para distraer, disfrazar o eludir los sentimientos se originan sensaciones de culpa, vergüenza y enojo con uno mismo por haber abusado de la comida como recurso.

También surgen sentimientos de vacío y frustración, porque las necesidades de afecto, comunicación, autoconfianza, libertad, éxito o de ser correspondido no se ven satisfechos con la comida, con lo que se crea nueva tensión y se tiende a volver a comer.

Para recuperar el bienestar, hay que salir de este círculo vicioso, rompiendo con los patrones de la comida emocional, con lo cual se recupera la libertad de experimentar los verdaderos sentimientos, se puede adquirir y mantener un peso adecuado más fácilmente y se logra disfrutar de las comidas y antojos esporádicos sin sentirse culpable.

Según las encuestas médicas, comemos compulsivamente, abandonando una dieta equilibrada y la práctica regular del ejercicio, para obtener placer, como consuelo o vía de escape, para reconstituir nuestro estado de ánimo o tranquilizarnos, pero sobre todo debido a dos emociones: el estrés y el enojo. Descubrir las relaciones entre los alimentos consumidos y el estado de ánimo es el primer paso para refrenar la costumbre de comer cuando se tienen problemas.

Fuente: Diario El Universal (Caracas, Venezuela) http://www.eluniversal.com/2005/04/05/ten_art_05251A.shtml

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¡CORAZON EN RIEZGO!

septiembre 10, 2005

Cuidemos nuestro corazón con una nutrición sana
Las enfermedades del corazón son el motivo principal de defunciones en la mayor parte del mundo. En México, desde que quedaron atrás las enfermedades infecciosas, las patologías cardiovasculares se han situado como la primera causa de decesos.

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Estas enfermedades constituyen así un problema de primera importancia o, dicho en otras palabras, de vida o muerte. No obstante su gravedad, el conocimiento de sus características es una de las principales armas para prevenirlas y enfrentarlas.Entre estas patologías, una de las más importantes por su frecuencia es la enfermedad coronaria. En ella, las arterias que irrigan al corazón se obstruyen paulatinamente por el depósito de grasas (lípidos) en su pared interior. De este modo, la sangre que debería nutrir al músculo cardiaco llega en forma deficiente y se produce daño celular o isquemia (falta de oxígeno en un tejido), que conduce a la alteración de la función cardiaca. En algunos casos no se presentan síntomas, como en la llamada isquemia silenciosa; en otros casos puede acompañarse de dolor, como en la angina de pecho; o bien puede conducir a un ataque cardiaco o infarto.

Desde hace varios años se ha establecido firmemente la relación entre la enfermedad coronaria y los niveles de una grasa, el colesterol, por lo que una de las pruebas más utilizadas para evaluar el riesgo de este padecimiento es la cantidad de este lípido en la sangre. Se trata de una prueba muy sencilla cuyos resultados permiten conocer tres caras del colesterol. Una es su cantidad total, que si rebasa los niveles normales da una idea general de riesgo. Pero habitualmente este lípido se encuentra unido a proteínas (por lo que se trata de lipoproteínas) que pueden ser de dos tipos: de alta o de baja densidad.

Al colesterol que forma lipoproteínas de alta densidad (HDL-C por sus siglas en inglés) se le conoce popularmente como "colesterol bueno" y se cree que conduce a este lípido hacia el hígado y otros tejidos para ser eliminado, por lo que encontrarse con altas cantidades del mismo en el análisis de sangre sería buena noticia. Por su parte, el de baja densidad (LDL-C) es el "colesterol malo" y su presencia en cantidades elevadas es un síntoma de riesgo coronario, por lo que en los últimos años la atención se ha centrado en él, tanto en la prevención como en el tratamiento de la enfermedad.

En la actualidad se piensa que la enfermedad coronaria es en realidad la manifestación de un proceso inflamatorio en respuesta a lesiones o infecciones en la pared arterial. Aunque los eventos que inician la formación de placas en los vasos sanguíneos son motivo de controversia, algunos investigadores han propuesto que el LDL-C puede estar en el origen de ese fenómeno.

Como quiera que sea, en la prevención y tratamiento de la enfermedad coronaria está bien establecido que las terapias orientadas a la disminución de lípidos se traducen en la reducción del riesgo cardiovascular. La primera línea de defensa está formada por los cambios en el estilo de vida, como la modificación de la dieta, una actividad física regular, la eliminación del tabaquismo y el control del peso, que han mostrado ser efectivos en la reducción del LDL-C.

Actualmente se dispone también de tratamientos por medio de drogas como las estatinas, que son agentes efectivos en la reducción del riesgo de enfermedad coronaria. Actúan reduciendo los niveles de LDL-C, aunque también tienen un efecto antinflamatorio que es importante considerando la génesis de este padecimiento.

Las enfermedades cardiovasculares no son solamente la más importante causa de muerte en nuestro país; se trata además de enfermedades incapacitantes cuando no llegan a un desenlace fatal. Sin embargo, tenemos al alcance los medios para prevenirlas. Vigilar los niveles de colesterol en sangre bajo supervisión médica nunca será mala idea.

Fuente: Diario La Jornada (México) http://www.jornada.unam.mx

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¡NO MÁS ESTRÉS!

septiembre 3, 2005


Combatir el estrés a través de la alimentación

Aunque la clave para combatir el estrés se basa en descubrir su origen y encontrar el modo de reducir su causa o de vivir con ella, una alimentación saludable y regular puede contribuir a que el organismo venza, por lo menos, algunos de sus efectos negativos.

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Independientemente de que la fuente de estrés sea física o emocional, el organismo reacciona bombeando adrenalina, una hormona que a su vez desencadena toda una serie de respuestas hormonales y nerviosas por todo el organismo que nos preparan para la lucha o la huida.

A pesar de que la mayoría del estrés que sufrimos hoy en día no requiere una respuesta física rápida, nuestro cuerpo sigue reaccionando de esta forma como lo hace desde hace muchos siglos. Desde el primer segundo de ansiedad, el ritmo cardíaco se acelera, la visión se agudiza y se desvía sangre a los músculos, al tiempo que se espesa, anticipando la curación de heridas.

El estrés físico, para el que estas reacciones resultan especialmente útiles, es por lo general pasajero; tras él, los niveles hormonales vuelven a la normalidad y el sistema nervioso recobra un estado de menor alerta. En ocasiones, el estilo de vida actual lleva a un estrés mental de larga duración, que puede hacer que el organismo se encuentre en un estado de reacción al estrés durante periodos prolongados.


Bajo presión
No se conocen todos los efectos del estrés en las necesidades nutricionales, pero se sabe que bajo estas circunstancias, el metabolismo del organismo puede estar sometido a gran presión. Este estado puede tener repercusiones en el sistema inmunitario; disminuyen nuestras defensas y somos más vulnerables a contraer infecciones o enfermedades.

Para producir adrenalina, se necesita vitamina C. Cuando los niveles de adrenalina se elevan durante largos periodos de estrés, se requiere una mayor cantidad de vitamina C.

Casi todos los animales pueden incrementar su propia síntesis de dicha vitamina para hacer frente a una mayor demanda. Por ejemplo, las cabras son capaces de aumentar la producción de vitamina C en un 500 %. Desgraciadamente, el hombre sólo puede obtener este nutriente esencial a través de la dieta. Si esto no se logra, mediante la ingesta de alimentos ricos en vitamina C como las naranjas, el kiwi, las frutas del bosque, los pimientos y el brócoli, el organismo, y en especial el sistema inmunitario, pueden sufrir una deficiencia de dicha sustancia.

Los estudios revelan asimismo que la carencia de vitamina C reduce la actividad de los macrófagos, células inmunitarias que se comen literalmente a las bacterias y los virus invasores. Una menor cantidad de macrófagos aumenta nuestra propensión a contraer resfriados y gripe, lo cual, a su vez, contribuye a agotar nuestras reservas de vitamina C.

Cuando nos exponemos a largos periodos de estrés es conveniente reforzar el sistema inmunitario tomando grandes cantidades de alimentos ricos en beta-caroteno (precursor de la vitamina A) como zanahorias, verduras de color verde oscuro y frutas de color amarillo y naranja.

El consumo regular de las vitaminas C y A, junto al de ácido fólico y zinc, es vital para el funcionamiento adecuado del sistema inmunitario. El ácido fólico se encuentra en las judías de careta, las espinacas y otras verduras de hoja verde, mientras que los alimentos ricos en zinc son la carne de cangrejo, las ostras, el germen de trigo, el hígado, las semillas de calabaza y la carne roja.

El poder de las proteínas

Las necesidades proteicas del organismo también pueden aumentar en situaciones de estrés permanente. En tales circunstancias, es especialmente importante incluir en nuestra dieta pescado, pollo, pavo, carne roja magra, huevos, leche o judías. Una dieta pobre en proteínas puede reducir de forma considerable las defensas inmunitarias y la capacidad de combatir las infecciones. El pescado azul, como el salmón, la trucha, el atún y las sardinas, resulta especialmente apropiado, ya que también proporciona grasas esenciales capaces de fluidificar la sangre. De este modo, se contrarrestan las propiedades espesantes de la adrenalina.

Una alimentación que ayude a combatir el estrés consiste, simplemente, en una dieta sana y equilibrada en la que se seleccionan los alimentos adecuados. El ejercicio regular es también importante ya que estimula la producción de endorfinas (sustancias naturales que hacen que estemos de buen humor) y mejora la forma física. Aquellas personas que están bajo un estrés constante deberían plantearse cambiar su estilo de vida o buscar ayuda profesional.

Contenidos cedidos por: EUFIC (European Food Information Council)

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