PERSONALIDAD “D”, FACTOR DE RIESGO

Junio 10, 2008

Más de la mitad de los hipertensos responden a este perfil psicológico.

En las personas retraídas y propensas a ver siempre “el vaso medio vacío“, el aparato cardiovascular es más vulnerable.

El corazón no será el centro de las emociones, como creían los antiguos y como cantan los boleros, pero sí es, por diferentes mecanismos que aún están por ser dilucidados del todo, un epicentro que sufre las consecuencias de lo que pasa en el sistema nervioso.

Lo que sí parece cada vez más claro es que si estar de mal humor, triste o enojado –o todas esas cosas a la vez– pasara a ser lo normal, si estar preocupado fuera una constante aunque no hubiera motivos, y si además resultara muy difícil compartir los sentimientos con las demás personas, nos estaríamos cargando a cuestas otro importante factor de riesgo de enfermedad coronaria o de hipertensión arterial, entre otras enfermedades crónicas que involucran al aparato cardiovascular.

La relación se sospecha desde hace tiempo, pero actualmente varios científicos intentan medir la importancia epidemiológica de este factor de riesgo, definido como una combinación entre vulnerabilidad al estrés negativo (disestrés) que se manifiesta como una “afectividad negativa” (pesimismo, malhumor, sensación de infelicidad y preocupación constante) y cierta dificultad para el contacto social, a la que los estudiosos dieron en llamar personalidad tipo D.

Aunque cada una de estas características de la personalidad parecen afectar al corazón también por separado, es la combinación de ambas lo que funcionaría de forma sinérgica, potenciando mutuamente sus efectos.

La personalidad tipo D (de distrés, que es el estrés relacionado con la sobrecarga de preocupaciones, más que el estrés desencadenado por el esfuerzo físico) comenzó a ser estudiada como factor de riesgo cardiovascular a fines de la década del noventa, aunque recién en el año 2005 el investigador Johan Denollet publicó en la revista Psychosomatic Medicine la guía DS14, que es la que se utiliza para identificar con precisión este tipo de personalidad y evaluar el grado de riesgo que puede representar para los pacientes cardíacos.

“La personalidad tipo D representa un importante factor de riesgo que los cardiólogos deberán tener en cuenta en sus pacientes, sobre todo para las enfermedades crónicas, a diferencia de la depresión, que supone otro tipo de riesgo”, aseguró en su reciente paso por Buenos Aires la doctora Angelique Schiffer, investigadora del departamento de Psicología Médica de la Universidad de Tilburg, Holanda, y coautora de trabajos realizados junto con Denollet sobre este tema.

Schiffer participó como disertante en el XVI Congreso Mundial de Cardiología que tuvo a la Argentina como sede, en mayo pasado. Allí resumió, en base a la investigación clínica realizada hasta la fecha, todo lo que hoy se sabe sobre la relación entre el corazón, las arterias y la personalidad tipo D.

Mientras la persona con depresión tiene más riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio, el “paciente D” es más propenso a contraer afecciones crónicas del aparato circulatorio. El dato más significativo para demostrar su influencia es que de una población de personas hipertensas estudiada por los expertos, el 53% resultó coincidir con el perfil descrito como “D”.

“La prevalencia de esta característica de la personalidad en la población general va del 13 al 24%, según cada uno de los estudios, por eso es significativo que entre las personas con cardiopatías isquémicas haya habido de un 25 a un 36% de pacientes tipo D”, señaló Schiffer como ejemplo.

También entre el 24 y el 45% de las personas con arritmias, el 35% de los que tienen problemas en las arterias periféricas y hasta casi el 30% de los trasplantados de corazón, según dijo, podrían echarle la culpa a su “carácter D”.

Relaciones múltiples

Los estudios poblacionales realizados por estos investigadores europeos determinaron que tener una personalidad tipo D no tiene que ver con la edad, ni con la condición socioeconómica, ni con el nivel de educación formal. Y no implica padecer depresión, aunque sí es un factor predisponerte. También predispondría a padecer ansiedad, bajos niveles de autoestima y disforia.

Aunque cabe aclarar que hay investigadores –como el realizado por Martine Habra en 2003– que son críticos con respecto a la importancia de este rasgo del carácter en la salud y afirman que no hay evidencia concluyente de sus efectos sobre las enfermedades cardíacas, otros estudios relacionan a la personalidad D, además, con hiperactividad fisiológica, activación del sistema inmunológico y respuestas inadecuadas a los tratamientos aplicados por el cardiólogo.

Schiffer aseguró, por otra parte, que los pacientes tipo D con insuficiencia cardíaca reportan más síntomas de su enfermedad y se preocupan más por esos síntomas, pero consultan menos.

En su estudio publicado en 2005, Denollet sugiere que las personas con un alto grado de inhibición social tienden a inhibir los signos que pudieran hacer ver a los demás cómo se sienten, como una estrategia para contener las emociones, pero que es justamente esa inhibición la que se relaciona con una reactividad cardiovascular y con un alto grado de variación del ritmo cardíaco.

“Además de ser una relativa falencia para implementar estrategias más adecuadas para regular las emociones, el incremento de la vulnerabilidad por este «estrés interpersonal» es, por sí mismo, una característica promotora de enfermedades”, subraya.

La inhibición social ha sido relacionada con altos niveles de catecolaminas (hormonas del estrés, entre las cuales se encuentra la adrenalina) y con aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. Y produce una activación del nervio simpático (regulador de los procesos vitales y otros fenómenos orgánicos) que es la que produciría su efecto sobre el sistema inmunológico, que se registra a nivel de las citoquinas, enzimas que actúan en los procesos inflamatorios.

De hecho, la especialista holandesa planteó la acción por esa vía como posible vía de reducción del riesgo desde la química. Además de una psicoterapia que ayude a ver que hay otras formas de tomarse la vida.

Marcelo Rodríguez

Para identificarse como “D”

Para conocer el grado de riesgo cardiovascular que implica cada una de las afirmaciones que conforman el test DS14, diseñado por el belga Johan Denolle en base a investigaciones clínicas con más de 2500 pacientes, es necesario conocer muchos otros datos, porque la ponderación varía según la edad, el sexo, el estado clínico y muchos otros factores.

Pero para saber cuán cerca se está de la “personalidad tipo D” y empezar a pensar cómo cambiar de estilo de vida, las 14 afirmaciones –cada una de las cuales deberá ser calificada con sinceridad como “falsa”, “casi falsa”, “neutra”, casi verdadera” o “verdadera” según sea el caso– son las siguientes:

1.– Establezco contacto fácilmente cuando conozco gente.

2.– A menudo, “me ahogo en un vaso de agua” por asuntos insignificantes.

3.– Suelo hablarle a extraños.

4.– A menudo me siento infeliz.

5.– Me irrito con frecuencia.

6.– En las relaciones sociales a menudo me siento inhibido.

7.– Tengo una visión pesimista de las cosas.

8.– Me cuesta iniciar una conversación.

9.– Frecuentemente estoy mal de ánimo.

10.– Soy una persona cerrada.

11.– Prefiero poner distancia respecto de los demás.

12.– A menudo me encuentro preocupado por algo.

13.– A menudo me siento decaído.

14.– No encuentro cosas apropiadas de las que hablar al socializar.

Fuente: LaNacion.com.ar

¿ERES UN COMEDOR EMOCIONAL?

Febrero 4, 2008

El manejo de nuestras emociones

Nuestra vida esta llena de emociones positivas y negativas, como el nacimiento de un hijo, la muerte de un ser querido, el amor o el odio. Desgraciadamente las emociones negativas influyen más en nosotros que aquellas que nos causan alegría o placer.

Desde niños estamos expuestos a emociones, pero todos tenemos diferentes formas de comportarnos o reaccionar a ellas. Podemos decir que las emociones son innatas y aprendidas. Con el paso de los años, cada persona aprende a manejar sus emociones de forma diferente, lo cual se manifiesta en nuestra forma de actuar o conducirnos frente a ellas.

Esta forma de actuar es impredecible, lo podemos ver en las personas que se dejan llevar por sus sentimientos, si estoy contenta y me ponen un plato de comida al frente, puede ser que me incline a comerlo, o por el contrario si estoy triste, puedo dejar de comerlo o viceversa.

Sobrepeso por problemas emocionales

La relación entre el peso corporal y las emociones es muy fuerte; el sobrepeso crea conflictos emocionales como ansiedad o depresión, así mismo, la depresión y la ansiedad pueden llevarte a subir de peso.

Muchas personas sienten un impulso irresistible de comer en abundancia, y no se resisten ante un plato de comida, sobretodo cuando están sometidas a estrés, enojadas, ansiosas o se sienten frustradas. A estas personas se les llama comedores emocionales.

Si comes con ansiedad un plato de comida cuando estás sometido a estas situaciones, puedes sin darte cuenta, ingerir una gran cantidad de calorías y por consiguiente subir de peso. Es importante aprender a controlarte y no dejar que los sentimientos te controlen.

¿Cómo puedes saber si eres un comedor emocional?

Responde este pequeño test y si contestas afirmativamente a alguna de las siguientes preguntas, puedes ser considerado un comedor emocional.

  1. ¿Siempre que comes dejas el plato vacío?
  2. ¿Comes sin tener apetito?
  3. ¿Cada vez que miras televisión te da hambre?
  4. ¿Comes sin control un alimento que te gusta?
  5. ¿Si estás enojada, triste, sola, o aburrida, te refugias en la comida?
  6. ¿No sabes reconocer si lo que sientes es hambre o un simple antojo?
  7. ¿Después de haber comido mucho, te sientes arrepentida?

Consejos básicos para controlar tus emociones y peso

  • Date tiempo para estar a solas contigo misma. Escucha tus pensamientos y sentimientos.
  • Cuando te sientas estresada o decaída y tengas ganas de calmar la tentación con un bocado de comida, te recomendamos que te detengas por unos segundos y pienses sobre lo que estás sintiendo, y si realmente comer es la solución a tus problemas. Prepararte mentalmente, te ayudará a comer de forma moderada y equilibrada.
  • Cuando sientas antojo, pregúntate si realmente tienes hambre y cuando fue la última vez que comiste. Si no estás segura, espera unos 20 minutos y hazte la pregunta nuevamente.
  • Siéntate siempre a comer en la mesa, evita ver televisión cuando estés comiendo, pues no te darás cuenta cuando estés llena o satisfecha.
  • Lleva un diario y anota todo lo que comes, las cantidades que consumiste, donde comiste y como te sentías emocionalmente en ese momento.
  • Haz una lista de actividades que desvíen la atención por la comida, como por ejemplo: llama a un amigo, lee un buen libro, sal a caminar, date un baño etc. Recuerda que lo mejor que puedes hacer es ejercicio, practica algún deporte que te guste como yoga, taichí o cualquier ejercicio relajante.
  • Nunca vayas de compra con el estómago vacío, esto hará que compres sólo alimentos altos en calorías, por el contrario, si te da hambre espera un rato prudente para que se te pase la sensación y luego sal a hacer tus compras.
  • Una vez que termines de comer, piensa que comiste saludablemente y que no necesitas llenar tu estómago para sentirte bien. Recompénsate diciéndote a ti misma lo bien que luces, arréglate más de lo acostumbrado, o ve al salón de belleza. Piensa que tu salud está mejor que nunca y que tus malestares han mejorado.

Fuente: Revista Mi Dieta


COMO, PERO NO ME LLENO

Septiembre 25, 2007

Quince minutos es el tiempo que dedica el 33% de la población a la comida del mediodía, según datos aportados por la Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada (SENBA) en un documento publicado en la 2ª edición del Día Nacional de la Nutrición de 2003. Un cuarto de hora es tiempo insuficiente para una de las comidas principales del día.

Se recomienda que dure por lo menos 30 minutos, con el fin de no sentir el malestar provocado por comer deprisa y con prisa.

Una hora y 46 minutos es el tiempo que dedican los españoles cada día a su alimentación, según datos del Instituto Nacional de Estadística del año 2003. Este dato hace referencia al tiempo que brinda la población española a comidas y a bebidas a lo largo de las 24 horas del día, lo que supone el 7% del total de horas.

Estos datos son sólo una media de la población estudiada, y se observan diferencias curiosas en la dedicación a esta indispensable actividad según días de la semana, sexo y edad. Por ejemplo, si se compara el tiempo dedicado de lunes a jueves con el que se dedica el fin de semana, se observa que la duración es superior de viernes a domingo. Entre semana, por tanto, se dedica menos tiempo a las comidas. Por edades, el colectivo que menos tiempo emplea en comer y cenar es el de los jóvenes de entre 25 y 44 años. Respecto al desayuno, el dato es alarmante. El 8% de la población infantil y juvenil lo omite regularmente, es decir, no se detiene ni un minuto en esta importante toma del día.

¿Por qué se come tan rápido?

Terminar de comer y tener la sensación posterior de no sentirse saciado del todo por comer demasiado rápido es una situación que experimentan muchas personas y que tiene diversas consecuencias orgánicas. Una de ellas está relacionada con el aumento paulatino del peso como consecuencia de que se consumen, en pocos minutos, más calorías de las que el cuerpo necesita, al no dar tiempo al cerebro a enviar la señal de saciedad. La explicación responde a complejos mecanismos neurofisiológicos y a respuestas hormonales y de neurotransmisores que están regulados por un área muy concreta del cerebro, el centro de la saciedad, localizada en el hipotálamo.

Dado el malestar que puede provocar comer rápido, conviene poner remedio a la situación. El primer paso es analizar las posibles causas para poder seguir los consejos más adecuados en cada caso.

Las causas por las que mucha gente se identifica con esta situación son muy diversas:

  • Ante la comida, comer rápido es costumbre de muchas personas. Lo tienen interiorizado, lo hacen de manera inconsciente y les resulta muy difícil, primero, aceptarlo y, luego, cambiarlo.
  • La distancia que separa el trabajo y el lugar donde se come, bien sea la casa o el restaurante.
  • El poco tiempo disponible para comer debido a los horarios de trabajo.
  • Preferencia para aprovechar el tiempo disponible durante el mediodía para descansar.
  • Dedicar el tiempo de las comidas a actividades de ocio como ir al gimnasio.
  • Pérdida de tiempo cocinando, que resta tiempo para primero comer y después descansar.

¿Qué se puede hacer?

No es fácil lograr dedicar el tiempo suficiente a cada comida cuando nunca se ha hecho, pero es necesario hacer un esfuerzo para conseguirlo. Seguir los siguientes consejos puede servir de ayuda para superar esta situación:

-Buscar tiempo para comer y aprender a hacerlo más despacio. Es conveniente entender las repercusiones negativas para el organismo, a nivel físico y mental, que conlleva comer rápido, de modo que redunda en beneficio hacer el esfuerzo por modificar este hábito. Es factible reeducar al organismo dedicando al menos 30 minutos para las comidas y las cenas y esperar unos minutos entre plato y plato, aunque todo esté listo en la mesa, para seguir comiendo.

-Masticar bien los alimentos. Ya lo decía Hipócrates de Cos, el padre de la medicina, hace más de dos mil años: «que tu alimento sea tu mejor medicina». Para conseguir este objetivo, se debe partir por respetar las acciones naturales del propio organismo, y masticar bien los alimentos es una de ellas. Por ejemplo, comer pan tostado en las comidas es una buena alternativa al pan normal, ya que por su dureza requiere mayor masticación.

-Dejar la comida preparada el día anterior, de modo que sólo sea necesario calentarla.

-Preparar menús fáciles que incluyan recetas sencillas y rápidas. Consumer.es Eroski ofrece menús sencillos y rápidos de elaborar para que la dedicación a cocinar sea la mínima, lo que permite disponer de más tiempo para comer con calma y tranquilidad.

-Comer con fiambrera. Es una forma saludable que admite comer platos caseros en el trabajo cuando no queda tiempo suficiente para ir a comer a casa o a un restaurante.

-Encargar la comida. Si cada día se come en el mismo restaurante, se puede plantear la posibilidad de encargar la comida con antelación para que al llegar al establecimiento se pueda comenzar a comer sin demora. Se ahorraría el tiempo que se tarda en elegir el menú, prepararlo y esperar al servicio.

¿Qué sucede en el organismo?

El organismo es sabio. Comer rápido no le sienta bien y cada persona lo refleja de formas diferentes. Si una persona come demasiado rápido no se llena. La sensación de saciedad tarda 20-25 minutos en llegar al estómago. Comer rápido, en 10-15 minutos, supone ingerir muchos alimentos en poco tiempo sin notar que el hambre desaparece. Ante la ausencia de saciedad, se sigue comiendo hasta calmar el hambre.

Por lo tanto, aunque el tiempo de comer sea escaso, si se come sin parar, se ingiere una cantidad excesiva de calorías, grasas, carbohidratos y proteínas, lo que provoca una digestión más complicada. El cuerpo tiene dificultades para metabolizar y asimilar todos los alimentos en una sola toma, y de ahí sobrevienen las molestias digestivas.

Fuente: Consumer.es