DIETA SANA PARA EL EMBARAZO

Abril 28, 2008

Es una evidencia decir que, durante el embarazo, la mujer debe cuidar en extremo su dieta, ya que la vida del recién nacido depende de la buena alimentación de la madre.

Sin embargo, se tiene la falsa creencia de que cuanto más se come, más sano nacerá el bebé. Las embarazadas tienen que comer en cantidad suficiente para sustentar a una pequeña vida, eso es cierto, pero sobre todo han de comer con variedad y calidad. Ambas son las máximas que deben regir en la dieta de una mujer encinta.

Normalmente una futura mamá engordará entre kilo y kilo y medio por cada mes de embarazo, lo que significa que aumentará entre 12 y 14 kilos de peso durante el periodo de gestación. Superar esas cifras representa un peso excesivo que supone un exceso de grasa para la madre y el niño.

Por supuesto, no ganar los kilos suficientes también es perjudicial para el bebé, sobre todo si el aumento de peso es inferior a los 4,5 kilos. Las dietas de adelgazamiento están totalmente prohibidas durante el embarazo ya que el feto recibe menos nutrientes de los que debería. Es nuestro médico el que irá vigilando el buen estado de salud de la madre y del niño, e indicará las correspondientes correcciones en la alimentación.

Una alimentación equilibrada
Las máximas de la dieta de una embarazada, como ya hemos dicho, deben ser calidad y variedad. Las comidas, por tanto, serán ricas en alimentos muy diversos, en los que estén presentes, de manera abundante, los alimentos frescos, fundamentalmente cereales, frutas, verduras, pescado, carnes, huevos y lácteos.

Además, de cada grupo de los mencionados, es necesario incluir todo tipo de productos para asegurarse de que se está recibiendo toda la cantidad de nutrientes que se necesitan en este periodo clave de la vida. Es importante insistir en que no se puede consumir de un tipo de alimento en exceso ni, cómo no, que falte cierto producto en la dieta.

Respecto a las necesidades calóricas de una embarazada, no son tantas como se ha creído tradicionalmente. Para el correcto desarrollo del feto es suficiente con incrementar 250 calorías más la dieta diaria. Es muy importante que gran parte de este aumento esté bien nutrido de proteínas (pescado, carne, huevos, legumbres y lácteos).

Proteínas, grasas y ácido fólico
Las proteínas de los productos de origen animal y de las legumbres son básicas para la dieta del ser humano y, por tanto, de la embarazada. Tampoco faltarán en su alimentación los vegetales (frutas y hortalizas) y los cereales, siempre ricos en fibra y sin azúcar. 

Por otra parte, hay que evitar el consumo de grasas, que provienen fundamentalmente de la bollería, los aperitivos de patata, las bebidas gaseosas azucaradas y los dulces. La sal es necesaria para el embarazo y no debe suprimirse de la dieta, pero hay que usarla con moderación y siempre prefiriendo la sal yodada.

La vitamina fundamental para las mujeres en estado de gestación es el ácido fólico. Perteneciente al grupo B, podemos encontrarla en las verduras de hoja verde, los espárragos, las legumbres y el hígado. Para las embarazadas es imprescindible tomar al menos 0,4 mg. de esta vitamina cada día, principalmente en las primeras semanas.

Una buena provisión de ácido fólico ayuda a proteger al feto de contraer ciertos defectos congénitos de la espina dorsal y del cerebro. Si se diesen casos de carencias de esta sustancia, ya que mediante la alimentación exclusivamente puede ser difícil obtener toda la cantidad que se necesita, el especialista puede recomendar complejos vitamínicos adicionales.

Hábitos alimenticios y saludables
Como costumbre sana, una mujer encinta debe hacer tres comidas diarias, aunque si se dan molestias estomacales, se pueden ampliar a cinco o seis raciones, reduciendo, como es lógico, la cantidad de alimentos en cada una de ellas. Para superar el hambre entre comidas, el queso, el yogur, el zumo, las frutas y las verduras deberán ser los mejores tentempiés, desechando las fuentes de grasa, como pasteles, aperitivos de patata o bebidas azucaradas.

Una mujer en estado de gestación requiere tener su cuerpo bien hidratado y por eso ha de beber mucho líquido. Se recomienda que, como mínimo, la futura mamá beba unos ocho vasos de líquido diario. El agua se puede complementar con un vaso de zumo de frutas y un par de vasos de leche.

Por otra parte, una embarazada deberá ser cauta con la ingesta de cafeína. Ha de tener cuidado con el café, el té, las bebidas estimulantes y el chocolate. Todos estos productos tienen cafeína en distintas cantidades y dicha sustancia debe suministrarse con moderación.

Respecto a otros hábitos, no alimenticios en este caso, está totalmente prohibido fumar y beber alcohol. También es esencial no tomar medicamentos que no hayan sido recetados por el médico.

Una guía para una dieta variada
A continuación exponemos una lista de los requerimientos diarios que necesita una embarazada por tipo de alimento. No olvides que se trata de una guía orientativa y que, en realidad, es un médico el que mejor te puede asesorar respecto a cada caso concreto:

Fruta (2-4 raciones): recuerda que una ración equivale a media taza de fruta cortada, una fruta mediana (como una pera o una manzana) o a tres ciruelas.

Cereales (6-11 raciones): una ración equivale a una rebanada de pan, 150 gr. de cereales o 100 gr. de arroz o pasta.

Lácteos (3-4 raciones): una ración es un vaso de leche, dos yogures, 150 gr. de queso fresco o un flan.

Proteínas (2-3 raciones): una ración es un filete de carne roja, de pollo, de pescado, o bien dos huevos.

Verduras (3-5 raciones): una taza de verduras crudas o media taza de verdura cocida.

Fuente: Facilisimo.com


DIETA PARA QUIEN DEJA DE FUMAR

Octubre 24, 2007

¿Por qué se engorda al dejar de fumar?
Hay factores que al dejar de fumar predisponen a ganar peso. Dejar el tabaquismo afecta a las hormonas, al sistema nervioso, al sentido del gusto y del olfato, a la capacidad de digerir y asimilar los nutrientes de los alimentos. En el aspecto psicológico, influye en el padecimiento de ansiedad e insomnio que de alguna forma hay que combatir, y comer da la sensación de que se superan.

¿Qué sucede en nuestro cuerpo cuando se deja de fumar?
La nicotina es el componente más adictivo del tabaco. En la persona que fuma, dicha sustancia actúa disminuyendo su apetito, los movimientos musculares a lo largo de todo el sistema digestivo (en especial a nivel de estómago e intestino), necesarios para la digestión de los alimentos. Actúa también reduciendo la función de la vesícula biliar -almacén de bilis- necesaria para la asimilación de las grasas-, y de otras secreciones digestivas, lo que dificulta el aprovechamiento de los nutrientes de los alimentos.

No sólo la nicotina, sino el resto de componentes del tabaco, actúan sobre nuestro organismo. Por ello, cuando se deja de fumar el cuerpo acusa una serie de efectos a distintos niveles, como son:

Aumenta el estrés y la ansiedad, por un estímulo extra del sistema nervioso (se produce más adrenalina) lo que puede conducir a comer más de lo debido, y sobre todo peor, o alimentos más calóricos y menos nutritivos.

Mejora el sentido del gusto y del olfato. Se disfruta más de lo que se come. Esto puede hacer que se coma más cantidad de alimentos de los que se está acostumbrado, haciendo la dieta más calórica.

La digestión y el aprovechamiento de los nutrientes es más eficaz. El consumo de tabaco se acompaña de una mayor secreción ácida en el estómago. Cuando se deja de fumar los niveles de estas sustancias ácidas se normalizan y mejora el movimiento de las paredes intestinales con lo cual aumenta la absorción de los alimentos y mejora su asimilación.

Aún así, si se lleva a cabo una alimentación adecuada y se realiza algo de ejercicio, dejar de fumar no implica que forzosamente se vaya a engordar.

Razones para dejar de fumar.

Una vez se ha tomado en firme la decisión de dejar de fumar y se pretende romper con las cadenas que te atan a la nicotina, no está de más recordar las ventajas de abandonar el tabaquismo. Toma nota de las 10 primeras razones para dejar de fumar:

  1. Mejora la circulación y la oxigenación de la sangre.
  2. Se normalizan los niveles de presión arterial.
  3. Se reduce el riesgo que implica el tabaco frente a enfermedades bucales, de corazón y ciertos cánceres como el de garganta y pulmón.
  4. Desaparece la pesada tos de las mañanas.
  5. Mejora el sentido del gusto y el olfato, y se disfruta más de lo que se come.
  6. Los dientes dejan de estar coloreados y el aliento es más fresco.
  7. La ropa, el cabello y el cuerpo dejan de oler siempre a tabaco. El perfume dura más.
  8. Mejora el aspecto físico, la tersura de la piel y el pelo tendrá más brillo.
  9. Devuelve vitalidad y se tolera mejor el esfuerzo físico.
  10. Es el momento de concederse caprichos de los que te estaba privando el tabaco.

Normas básicas para no engordar al dejar de fumar:

CANTIDADES A MEDIDA
Las cantidades de cada plato deben distintas según las particularidades de cada uno; teniendo en cuenta que las raciones medias para los primeros platos son 2 cazos, y 130-150 gramos para las carnes y los pescados.

PAN DIARIO:
Incluir pan en comida y cena, y la cantidad que se propone en cada una de esas tomas es de unos 50 gramos (1 rebanada de 5 dedos de grosor del de barra). Si en el menú del día hay pasta o arroz o legumbre, es preferible reducir la cantidad que se sugiere de pan. La mejor elección es el integral, puesto que al ser rico en fibra aporta mayor sensación de saciedad.

AZÚCAR:
Puedes reemplazarlo por edulcorantes no calóricos como la sacarina y el ciclamato.

ACEITE COMIDA Y CENA:
Se ha de utilizar con moderación. El aceite de oliva es más adecuado para freír porque aguanta más las altas temperaturas que los de las semillas - girasol, maíz, soja - pero en crudo pueden emplearse todo tipo de aceites. Eso sí, al tener un sabor más fuerte, el de oliva suele precisarse en menor cantidad que los de semillas, lo que supone menos calorías.

EN LA DESPENSA HAY QUE TENER:
Leche desnatada o semidesnatada, pan tostado, fruta del tiempo, lechuga, yogures desnatados, huevos, patatas, infusiones, soja, pasta, queso fresco, arroz.

LOS MENÚS DEBEN CONTENER EN GRAN MEDIDA:
Verduras frescas o congeladas, fundamentalmente espinacas, acelga, tomate, puerro, brócoli y judías verdes y guisantes. Legumbres: lentejas y garbanzos. Pescado fresco o congelado, fundamentalmente merluza y bacalao. Pollo, conejo o pavo.

Cada vez que se sientan ganas de fumar, beber un vaso de agua
La nicotina es soluble en agua por lo que es bueno beber abundante agua durante todo el día (al menos 6-8 vasos diarios).

Echar mano de alimentos que limpian el organismo
Haz acopio de frutas y verduras fáciles de comer y muy eficaces para combatir el apetito y la ansiedad como el apio, los espárragos fresco, peras y las manzanas.

Si se necesita, ayudarse de complementos dietéticos

  • Cola de caballo
  • Diente de león
  • Ortosifón
  • Vara de oro
  • Gayuba

Además de agua se pueden beber infusiones

  • té rojo
  • té verde

O bebidas light u otras bebidas vegetales

No al chocolate
Cuando se sientan las ganas de dulce, optar por un yogur de frutas desnatado, unos biscotes que se toman junto con una mermelada sin azúcar añadido o un plátano. Son alimentos de agradable sabor dulce, menos energéticos que el chocolate y que aportan mayor sensación de saciedad.

Caramelos y chicles sin azúcar
También son útiles como sustitutivo del cigarrillo.

No al alcohol
Bajo sus efectos se pueden sentir de nuevo ganas de fumar. En caso de tener el hábito, se debe consumir con moderación. Limitar a 1 vaso ó 1 botellín pequeño la ingesta diaria de bebidas alcohólicas de baja graduación como cerveza o sidra o vino si eres mujer, o a 2 de dichas unidades, si eres hombre.

Moderar los estimulantes
Sustituir las bebidas y alimentos estimulantes -café, bebidas de cola, chocolate…-, por malta o descafeinado, infusiones relajantes, zumos, etc., ya que los estimulantes aumentan la ansiedad y pueden hacer que comas mayor cantidad de lo que necesitas en realidad.

Evitar condimentos fuertes
La mostaza, la pimienta, y el chile estimulan el apetito y crean hábito.

Fuente: Consumer.es


TABACO E HIPERTENSION

Mayo 2, 2007

Las personas fumadoras tienden a salar más sus comidas por lo que son más propensas a desarrollar hipertensión arterial. 

Las personas fumadoras, por lo general, tienden a añadir más sal a las comidas que las no fumadoras puesto que tienen alterado el sentido del gusto debido al tabaco. Si no corrigen a tiempo este hábito, tienen más riesgo de desarrollar hipertensión arterial a corto o medio plazo.

La mayoría de las comidas requiere una cantidad mínima de sal para que resulten apetecibles, lo cual no supone trastorno alguno para la salud, siempre y cuando la cantidad añadida de sal sea moderada. Sin embargo, muchas personas tienen la costumbre de dejar el salero sobre la mesa y echar más sal a los platos elaborados, y esto puede ser perjudicial para su salud si toman sal en exceso y de forma habitual. Y más si consumen habitualmente embutidos, conservas y precocinados, todos ellos alimentos ricos en sodio.

Las personas fumadoras tienen alterado el sentido del gusto por lo que no captan los sabores propios de los alimentos, y tienen la necesidad de añadir ingredientes salados o ácidos que penetran más fácilmente en el paladar. Si se añade mucha sal a las comidas, con el paso del tiempo el paladar se va adaptando a un nivel de sal cada vez más elevado. El consumo excesivo de sal puede provocar en el organismo de quienes fuman un mayor riesgo de hipertensión arterial. La hipertensión no es el único malestar que conlleva el exceso de sal en la dieta, también contribuye a retener líquidos, provoca agotamiento y calambres musculares, entre otros trastornos.

Prevenir la hipertensión a tiempo

Un hábito saludable es corregir a tiempo el consumo excesivo de sal y prevenir así el desarrollo de la hipertensión arterial. Si no se toman las medidas necesarias, una vez iniciada la enfermedad es más difícil normalizar los niveles de tensión. Para ello, el primer paso es reducir de forma paulatina la sal que se utiliza a la hora de cocinar y en la mesa, para ir disminuyendo poco a poco esa dependencia a los sabores salados. Retirar el salero de la mesa y no añadir más sal a los platos cocinados se convierte entonces en una buena costumbre.

Un truco muy práctico cuando se quiere reducir el consumo de sal y el paladar no está aún acostumbrado al sabor más natural de la comida, consiste en cocinar sin sal y añadir una pizca de sal cuando el plato ya está elaborado. De esta forma, se consigue que las papilas gustativas se estimulen rápidamente al contacto directo con la sal y que no se note tanto que la comida está cocinada sin ella. También se puede sustituir la sal común por sal marina que tiene un sabor más acentuado y permite emplear menor cantidad para sazonar las comidas.

Puesto que se reduce la cantidad de sal, puede ser útil potenciar el sabor de los platos empleando otros ingredientes que no perjudiquen a la salud. Una opción son los sabores ácidos; se puede añadir jugo de limón a los platos o cualquier tipo de vinagre ya que la oferta es cada vez más amplia. Otro recurso es emplear condimentos o hierbas aromáticas que aporten un sabor intenso a las comidas como el ajo, la cebolla, el orégano, el tomillo o el laurel. Los sabores picantes como la pimienta, las guindillas o la cayena -en su justa medida-, también son buenos sustitutos de la sal siempre que no haya contraindicación.

No obstante, la mejor forma para saborear plenamente las comidas es dejar de fumar. Cuando una persona fumadora habitual abandona el hábito, va notando cada vez más los sabores propios de los alimentos.

Fuente: Consumer.es